Llegaste como una tempestad que arrasó mi vida, revolucionaste mis instintos y te acomodaste en mis sentidos.
Me hiciste latir sin pensar en mañana, saborear cada minuto y descubrir arcoiris en cada amanecer.
Buscaste mis imperfecciones para moldearlas a la luz, dejando los miedos tras de ellas.
Potenciaste mis virtudes, disparando las emociones que se escondían en un desván.
Creaste un halo de esperanza en un día gris, que carcomía mis deseos.
Eres dueño de mis sueños, que prohibidos subsisten bajo una piel trémula.
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