sublimes,
que transportan
el alma a límites insospechados.
Despegan
un corazón acelerado,
entregado al tacto delicado
de un deseo escondido en la piel.
Entregada,
sin reparos,
fruto maduro
que deja su almíbar en los labios.
Horizonte
que se pierde
en su espalda desnuda,
donde los sueños comienzan a crecer.
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