Se detuvo el tiempo;
sólo existíamos los dos,
se antojaba perfecto
era como si lleváramos
en esa situación
desde siempre,
acogedor momento
con sabor a familia
a estar en nuestro hogar,
reinando la paz
tranquilidad que nos
acogía en sus brazos,
besos suaves y dulces
marcando los segundos,
sonrisas dibujadas
con rostros relajados
por estar como deseamos;
nada podrá borrar
ese recuerdo
que ha sido tatuado,
a fuego en la memoria
para la eternidad.
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