Vuelven a mí
sin rencores ni dolor
nuestros recuerdos
guardados entre
esas cuatro paredes
que prohibidas eran
pero vulneramos su fortaleza
e hicimos de ellas
el escondite perfecto
donde darnos pequeñas muestras
que aún ruborizan mis mejillas
sintiendo otra vez
como la primera vez
lo que tus labios daban
tus manos acariciaban
y tus instintos entregaban.


















