Con ese beso
en el anonimato
de un sitio idílico
bajo un cielo a punto
de encender sus luceros
donde el viento jugaba
con una cabellera
y el frío erizaba mi espalda
miradas intensas
suficientes para sellar
lo que se dijo sin emitir palabras
siguiendo el dictar
del latido de corazones
felices y entregados
sin miedos ni dudas
hasta que el destino
decida.
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